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Canadá

8 de mayo de 2013 - 20:00
La libertad de prensa en Canadá recibió un impulso en octubre cuando el Tribunal Supremo emitió una resolución histórica otorgando a los periodistas de la provincia de Québec el derecho a mantener en secreto sus fuentes, siempre y cuando puedan demostrar que el interés público en hacerlo no amenaza a la administración de justicia. Detrás estaba el caso del reportero Daniel Leblanc, de Globe and Mail, quien se negó a revelar una fuente clave para un informe sobre un escándalo federal de malgasto que se dijo había contribuido a la derrota del anterior gobierno del Partido Liberal en las elecciones federales del 2006. En su decisión 9-0 el Tribunal Supremo declinó pronunciarse sobre el caso y lo remitió al Tribunal Superior de Québec, el cual deberá considerar una prueba legal establecida que pueda conceder a los medios un privilegio especial, caso por caso, para mantener en secreto sus fuentes. A principios de este año el Tribunal Supremo había reconocido por primera vez tal privilegio periodístico para el resto de Canadá. Québec tiene un sistema legislativo independiente en materia civil. La “prueba legal establecida” hace recaer en los periodistas la responsabilidad en demostrar que el interés público en mantener las fuentes confidenciales compensa la importancia de su revelación pública. De este modo, aunque la última decisión del Tribunal Supremo ha sido bienvenida, ha sido insuficiente para conseguir el privilegio completo del sector que se había buscado. Pero en mayo de este año el mismo Tribunal Supremo dictaminó que el periodista Andrew McIntosh, de la agencia de QMI, tenía que revelar una fuente clave que había utilizado para destapar un escándalo en el 2001. Esto, y la negativa de la corte para emitir una protección constitucional automática completa para las fuentes, han llevado a algunas entidades canadienses de prensa a lamentar que Canadá, a diferencia de Estados Unidos, no tenga ninguna ley “escudo” que ayude a mantener confidenciales las fuentes en la mayoría de las circunstancias. Esto significa que en el futuro, en semejantes casos, la pregunta será dónde radica el interés público, destacó The Montreal Gazette. Mientras tanto, la organización Reporteros Sin Fronteras en su noveno informe Índice mundial de libertad de prensa 2010, que evalúa las violaciones a la libertad de prensa en todo el mundo, colocó a Canadá en el 21ro lugar entre 178 países, por debajo del puesto 19 del año pasado y por detrás del Reino Unido y Estados Unidos, y apenas por delante de Namibia y Hungría. Y en su informe anual sobre el estado de la libre expresión en Canadá, la organización Canadian Journalists for Free Expression dio lo que catalogó de calificación deficiente al gobierno federal por los obstáculos que ha levantado al acceso a la información. El informe, publicado el Día Mundial de la Libertad de Prensa en mayo, manifestó su descontento por la falta de transparencia del gobierno y por la invocación, de parte de agencias oficiales, de la cuestión de la seguridad nacional para restringir la diseminación de información vital para los periodistas. El 26 de junio la policía golpeó a un periodista independiente, Josse Rosenfeld, mientras cubría para la edición en línea de Guardian una demostración no violenta durante la reunión de los líderes mundiales del G-20 en Toronto. La policía alegó que no tenía una autorización oficial canadiense para cubrir la cumbre y que se había resistido a la detención. Grupos de derechos humanos informaron de que Hossein Derakhshan, que ostenta doble nacionalidad canadiense-iraní, fue condenado a 19 años y medio de prisión por la Corte Revolucionaria Islámica de Irán bajo numerosos cargos. Lo apodan “el padre de los blogs en persa” y ha criticado abiertamente al gobierno de Teherán y al movimiento reformista allí, según informa el Comité para la Protección de los Periodistas. En otro desarrollo, la reportera Michelle Lang, del Calgary Herald, recibió el premio canadiense de libertad de prensa mundial de parte del Canadian Committee for World Press Freedom (CCWPF). Lang fue muerta el 30 de diciembre del 2009 mientras trabajaba en Afganistán. Es la primera vez en los 12 años de historia del premio, que éste se entrega póstumamente.

FUENTE: nota.texto7

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