Discurso de bienvenida del Presidente de México Felipe Calderón Hinojosa

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Palabras de bienvenida del Sr. Presidente de la República Mexicana, Felipe Calderón Hinojosa, a los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa Qué tal. Muy buenos tardes, amigas y amigos. Señora Ivonne Aracelly Ortega Pacheco, Gobernadora del Estado de Yucatán. Diputado Mauricio Sahuí Rivero, Presidente del Congreso. Magistrado Ángel Francisco Prieto, Presidente del Tribunal Superior. Arquitecta Angélica Araujo, Presidenta Municipal de Mérida. Distinguido señor Alejandro Aguirre, Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa. Señor Scott C. Schurz, Presidente Honorario Vitalicio de la Sociedad Interamericana de Prensa. Señor Gonzalo Marroquín, Primer Vicepresidente de la SIP. Señor Milton Coleman, Vicepresidente de la SIP. Señor Juan Luis Correa, Presidente del Comité Ejecutivo. Señor Enrique Santos, Vicepresidente del Comité Ejecutivo. Señor Jaime Mantilla, Secretario de la Sociedad. Doctor Julio Muñoz, Director Ejecutivo de la SIP. Señor Ricardo Trotti, Director de Libertad de Prensa de la Sociedad. Señor Andrés García Gamboa, Presidente del Comité Anfitrión. Vicealmirante Armando Martínez Puente, Comandante de la IX Zona Naval. General Jorge Salgado Rodríguez, Jefe de Estado Mayor de la X Región. Distinguidos invitados especiales y miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa provenientes de distintas partes del Continente. Muy bienvenidos a México. Señoras y señores. En nombre del pueblo y del Gobierno de México, les doy, con toda sinceridad, la más cordial y fraterna de las bienvenidas, a los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa que nos visitan desde el extranjero. Saludo con afecto a los representantes de los principales diarios de nuestra Nación. Para los mexicanos, es motivo de especial satisfacción que su 66ª Asamblea General se realice, precisamente, en nuestro país, en esta hermosa Ciudad de Mérida, que hoy es la capital del periodismo del Continente Americano. México reconoce la importantísima labor que ustedes realizan desde esta organización, que es baluarte del periodismo libre en nuestro hemisferio. Valoramos su incansable impulso a la capacitación y al profesionalismo de los periodistas, desde Alaska hasta la Patagonia, así como su valiente defensa de las garantías laborales y los derechos humanos de quienes ejercen este oficio. Sobre todo, apreciamos su infatigable lucha por salvaguardar la libertad de prensa. Coincido plenamente con la Sociedad Interamericana en que no hay personas ni sociedades libres sin libertad de prensa, que el ejercicio de ésta no es una concesión graciosa de las autoridades, sino un derecho inalienable de la ciudadanía, tal y como lo estableciera la Declaración de Chapultepec de 1995. Sin duda, la libertad de prensa es el vehículo por excelencia de la libertad de expresión y del derecho a la información, de ahí que sea una condición necesaria para construir sociedades libres, informadas, participativas y democráticas. Quiero decirles que me formé en las filas de una oposición que durante muchos años, muchas décadas fue censurada, silenciada y reprimida desde el poder. Crecí al lado de luchadores sociales y periodistas que nunca se resignaron a que sus escritos fuesen proscritos o censurados. Mi padre mismo era escritor, militante por la democracia y editorialista asiduo en los medios en que temporalmente le pudieran dar acceso. Aún sin recursos, de los que siempre careció, nunca escatimó esfuerzos por divulgar lo que pensaba y no pocas veces repartíamos sus escritos, mis hermanos y yo, de mano en mano. En el pasado el gran problema en México era el control de la información y la censura, la mayoría de las veces ligado al poder público. Se dice y se escribe fácil, pero la libertad de expresión es una libertad que durante mucho tiempo fue obstaculizada por el Estado. Hoy en día, no es más el caso de México. En México, hoy, el Gobierno respeta la libertad de prensa. Por convicción personal y democrática, en mi gestión no se persigue a nadie por lo que piensa, por lo que opina, por lo que escribe, por lo que publica o por lo que transmite. No se acosa a nadie por razones políticas ni ideológicas. Se puede criticar abiertamente al Presidente o al Gobierno, incluso, en el exceso del escarnio o la burla, y se respeta esa libertad como el bien preciado de una sociedad que la requiere indispensablemente para vivir en pluralidad y democracia. En esta Administración no hay y no habrá nunca mordazas ni censuras al quehacer periodístico. No obstante, ahora la gran amenaza a la libertad de expresión y de prensa aquí, en nuestro país y en algunas otras partes del mundo, es, a no dudarlo, el crimen organizado. Esa es la amenaza. En México, como en otras naciones de nuestro Continente, hoy la delincuencia se erige como el mayor riesgo al ejercicio del periodismo. Se levanta como la principal fuente de restricción, intimidación y represión a la labor informativa de prensa, radio y televisión. Comparto con ustedes la convicción de que los asesinatos, los secuestros, las agresiones y la violencia de cualquier tipo en contra de los periodistas coartan severamente las libertades de prensa y de expresión. Para que los medios de comunicación puedan llevar a cabo su importante tarea, es indispensable que cuenten con un entorno de libertad y de seguridad. Ninguna Nación democrática puede permanecer ajena a las agresiones ni las amenazas contra los periodistas. Cada periodista que es asesinado nos duele y nos lastima, como sociedad y como Gobierno, y es nuestro deber como autoridades, no sólo aclarar estos casos, sino generar las condiciones para que ello no siga ocurriendo. Tenemos, sin embargo, un enemigo común, y así debemos entenderlo: el crimen organizado es enemigo común de quienes apreciamos la libertad. Y frente al enemigo común, que representa el crimen organizado, es momento de que los tres Órdenes de Gobierno, los tres Poderes Públicos, el gremio de periodistas, los dueños de los medios de comunicación, trabajemos juntos en un marco de corresponsabilidad ante los criminales y su violencia asesina. A lo largo de mi Administración hemos realizado diversas acciones para promover el ejercicio del periodismo, en un marco cada vez más seguro. Una de esas acciones fue haber derogado los delitos de calumnia y difamación del Código Penal Federal, que eran un obstáculo contra la libertad de expresión. No son más, en México, delito alguno. De la misma forma, creamos la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión, un organismo único en el mundo. Estas acciones son una muestra clara de la voluntad del Gobierno con la libertad de expresión e información. Sin embargo, estamos plenamente conscientes de que necesitamos trabajar mucho más. La delincuencia es un desafío de enormes proporciones; y quiero reiterar que la única forma en que podemos hacerle frente, es trabajando unidos, como sociedad, y asumiendo nuestra responsabilidad. Cada periodista que cae, cada nota que se oculta por miedo, cada palabra que se silencia, es una razón más para combatir a los criminales; es una poderosa razón para no ceder en su pretensión de dominar a la sociedad, de controlarla, y de utilizarla para sus aviesos propósitos; es una razón más para cumplir con nuestro deber de emplear toda la fuerza del Estado para garantizar la seguridad de los ciudadanos, incluyendo a los periodistas y, por supuesto, para enfrentar y derrotar a quienes amenazan a esas libertades, que son los criminales. Hoy, el 90 por ciento de los delitos contra periodistas, siguen siendo del fuero común, y caen bajo la responsabilidad de las autoridades locales, incluyendo el homicidio y el secuestro. La iniciativa, sin embargo, que he presentado, para atraer esos delitos hacia el fuero Federal, ya está a discusión y debate en el Congreso de la Unión, y hago votos porque los legisladores mexicanos puedan asumir el sentido de que lleva esta propuesta. Sin embargo, e independientemente del tema de competencias legales, en cualquier circunstancia estamos plenamente convencidos de que necesitamos el trabajo decidido y coordinado de los tres niveles de Gobierno para hacerle frente a este reto. En respuesta al compromiso que asumí con la Sociedad Interamericana de Prensa y el Comité de Protección a Periodistas, esta misma semana firmamos un acuerdo muy importante: el Convenio de Colaboración para la Implementación de Acciones de Prevención y Protección a Periodistas, entre las distintas autoridades del Gobierno Federal, a mi cargo, responsables de la seguridad, básicamente integrantes del Gabinete de Seguridad, y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, independiente del Gobierno. Este convenio permitirá establecer nuevos mecanismos de cooperación para fortalecer el trabajo conjunto de las autoridades Federales y locales en la protección de los informantes. Así, damos un paso más para garantizar que puedan realizar su labor en las mejores condiciones. Necesitamos que los gobiernos estatales se integren, también, a estos trabajos y que asuman, sin cortapisa, la responsabilidad que corresponde a todos en la investigación y captura de los delincuentes. Invito a los gobiernos estatales a que se sumen a este esfuerzo especializado, focalizado, redoblado, por la seguridad de las y los periodistas en México. De la misma forma, el Convenio que suscribimos crea un Consejo Consultivo en el que estarán representadas las autoridades responsables, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y los propios periodistas, con lo que se abrirá un foro privilegiado que nos permitirá entender mejor la situación del periodismo y tomar juntos las decisiones que permitan proteger de manera integral al gremio. Tenemos un acuerdo básico, pero ha llegado el momento de tomar mayores acciones para evitar que los criminales sigan atentando contra la libertad de expresión, sí, pero, en general, contra la libertad de los ciudadanos. Es indispensable, también, que los propios medios exploren el ámbito de responsabilidad que pueda corresponderles en esta tarea, que rebasa, por mucho, los intereses parciales y es de dimensión nacional y, me atrevo a decir, internacional. Más allá de la participación en el Consejo Consultivo, sigue siendo fundamental contar con un protocolo o un código autónomamente asumido de ética, con el que quienes ejercen la labor periodística puedan también contribuir a la solución de este problema y que nos permita a todos fortalecer las condiciones de seguridad en que ejercen tan noble labor. Hoy quiero reconocer, a propósito de ello, el enorme esfuerzo que se está realizando por parte de algunos medios de comunicación en este sentido, como es el caso de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión, que diseñó ya un primer esfuerzo: Los Criterios y Procedimientos de Reacción y Operación en caso de Contingencia, que puede convertirse en una pieza fundamental para la creación de un protocolo integral que abarque a toda la labor periodística. Pero aún más allá. Ante el enemigo común, es claro que nuestro país necesita también el apoyo de los medios de comunicación y sus periodistas para alcanzar mejores resultados en la lucha por la seguridad pública y para defender la libertad de expresión. El crimen organizado tiene su propia lógica y tiene su propia estrategia de comunicación; utiliza actos de los que pueda intimidar a la sociedad y con ello subordinarla a sus pretensiones y paralizar al Gobierno, para que no interfiera en sus acciones criminales. Esa estrategia es clara. La estrategia que debemos clarificar es la nuestra, de quienes desde el Gobierno o la sociedad queremos, precisamente, sociedades más seguras. Como ayer lo señalara nuestro buen amigo, el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se debe tener en mente que el enemigo no es el Gobierno. El enemigo es el crimen organizado y así debe ser entendido por todos. Por ello, es necesario informar, por ejemplo, sin hacer apología del crimen; evitar hacer el juego a la agenda mediática de las organizaciones criminales. No se trata, de ninguna manera, de ocultar los problemas ni sacar, hasta criticar, la veracidad o la información misma, sino reflejar la realidad y poner también en perspectiva los grandes esfuerzos que los mexicanos hacemos para solucionar nuestros problemas. Balancear la información; tomar en cuenta, sí, si es indispensable por el hecho mismo noticioso, la voz intimidatoria de los criminales, pero también el punto de vista de quienes los persiguen. Dar cuenta, por supuesto, de las cosas malas que gente mala hace en nuestro país, pero también de las cosas buenas, mucho más cosas buenas, que millones y millones de gente buena, también hace, todos los días, por los demás y por nuestra Nación. No olvidar el planteamiento de aquellas noticias que son buenas, que fortalecen el aliento de la ciudadanía, que es el principal blanco de los criminales. Una estrategia que tiende a buscar el temor y la parálisis de todos, de la sociedad y las autoridades. Nosotros debemos fortalecer ese aliento ciudadano, que está, precisamente, en la mira de los criminales. Amigas y amigos periodistas de todo el Continente: Yo estoy bien consciente, amigas y amigos, que los mexicanos como Nación enfrentamos, hoy, un reto muy, muy grande, uno de los más grandes que hemos vivido: el crimen organizado, que es un enemigo de tal envergadura que sólo puede vencerse si la autoridad actúa con determinación en cumplimiento de su deber, y si actuamos de manera coordinada y comprensiva entre todos. En otros aspectos de la tarea pública, México, a pesar de sus problemas, sigue adelante. El último dato que reporta nuestra economía, al segundo trimestre del año, es de un crecimiento del 7.6 por ciento. De enero a octubre de este año se han generado, de acuerdo con los datos del Seguro Social, es decir, empleos formales, ya descontadas las renuncias y las bajas, se han generado 850 mil nuevos empleos en México en lo que va del año. Estamos a punto de alcanzar la cobertura universal del país, después de haber triplicado el presupuesto del Seguro Popular y haber construido o reconstruido casi dos mil clínicas u hospitales en todo el país, en los últimos tres años. El próximo año esperamos llegar a ese anhelo: de que ninguna mexicana o ningún mexicano, independientemente de su condición económica, carezca de médico, medicinas, o tratamiento a su alcance. Estamos redoblando nuestro compromiso con el medio ambiente, no sólo contribuyendo en el ámbito internacional a la discusión, precisamente, del cambio climático, de cuya Convención seremos anfitriones este mismo mes, aquí, en la Rivera Maya, muy cerca de aquí, sino también con acciones concretas. Por ejemplo, la remediación de lo que fue la ex Refinería de Azcapotzalco, en la Ciudad de México, donde limpiamos, prácticamente, el suelo de residuos petrolíferos de una refinería que estuvo asentada por más de medio siglo, y que fue clausurada hace 20 años; remediación que alcanzó cerca de los 10 metros de profundidad del suelo, y construimos un parque de casi 60 hectáreas, el segundo más grande en la propia Ciudad de México, después de Chapultepec. Se trata de la mayor obra de remediación de su tipo que se tenga registro. Tenemos en México un gran anhelo por construir un mejor futuro. Somos conscientes de los problemas que enfrentamos, pero también no perdemos la mira, y sabemos de que sí es posible construir un país más próspero, más justo, más igualitario; pero, sobre todo, un país más libre y más democrático. Una libertad, y una democracia, que no se entiende, precisamente, sin la libertad de prensa, y las garantías indispensables para ejercerla. Es por eso que el Gobierno Federal realiza un esfuerzo muy grande para garantizar la seguridad de todos, para hacerle frente a los criminales, para construir políticas de largo plazo de fortalecimiento institucional, que implican la depuración y el fortalecimiento de las policías; para trabajar en políticas activas de prevención, en las cuales oportunidades educativas, sociales, recreativas, culturales, para los jóvenes, son un requisito indispensable; oportunidades para la prevención y tratamiento de adicciones entre los jóvenes y adolescentes. Por esa razón, amigas y amigos, estamos construyendo, con todos, una política de Estado, que vaya más allá de los partidos políticos, o de las regiones; y que permita establecer las normas, según las cuales el país, todo entero, enfrente este reto de la criminalidad, y lo supere, como estoy seguro, lo superaremos los mexicanos. La seguridad de todos es una prioridad, no sólo del Gobierno, sino de la sociedad y, estoy seguro, también, del periodismo libre. Y para contar con una política de Estado necesitamos ponernos de acuerdo acerca de las premisas básicas de esta convivencia, ponernos de acuerdo y que podamos eliminar de una vez y para siempre este cáncer que atenta contra la libertad y el bienestar de los mexicanos. Los periodistas y los comunicadores son un factor esencial para conseguir este objetivo. Seguiremos trabajando con ustedes, trabajando en lo que es nuestro deber: construir condiciones de seguridad que requiere el ejercicio de su profesión y defender juntos la libertad de expresión y la democracia. Una libertad de expresión en la cual creemos, independientemente de hacia dónde se exprese, precisamente, la voz y el pensar de una ciudadanía libre. Estamos con el periodismo. Nuevamente, muy bienvenidos a nuestro país. Están en su casa.

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