El derecho a la libertad de expresión enfrenta a dos sectores claramente identificados. De un lado, la sociedad que aboga por el libre ejercicio de la palabra y hasta del humor, y por el otro, el oficialismo, con una campaña que busca silenciar y desprestigiar ya no sólo a los medios de comunicación sino a quién ejerce opinión o creen, según esa visión que hacen oposición.
El clima de malestar en contra de los medios tiene su máxima expresión en los enlaces sabatinos del presidente Rafael Correa. En los segmentos “La Libertad de expresión ¡Ya es de todos!”, “La cantinflada de la semana”; “La amargura de la semana” o “La caretucada de la semana”, es normal escuchar al primer mandatario utilizar epítetos como “perverso”, “inefable”, “amargado”, “deshonesto”, “envenenado”, para descalificar a un medio o a un periodista.