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Palabras de apertura - Presidente de la SIP, Pierre Manigault

22 de octubre de 2026 - 16:45

22 de octubre de 2026, Bogotá, Colombia

Buenas tardes.

También quisiera expresar mi más sincero agradecimiento a nuestro Comité Anfitrión colombiano por la dedicación, generosidad y cálida hospitalidad que nos han permitido reunirnos aquí, en Bogotá.

Andrés Mompotes y Antonio De Brigard, muchas gracias a ambos por sus reflexivas y elocuentes palabras.

A mis compañeros de la Junta Directiva y presidentes de comisiones, así como a los editores, directores, periodistas, ejecutivos de medios y amigos que han viajado desde distintos lugares de las Américas y España: bienvenidos. Su presencia nos recuerda todo lo que esta asociación hace posible cuando nos reunimos.

Durante estos cuatro días, escucharemos a destacadas figuras del periodismo y de la industria de los medios de las Américas. Analizaremos la inteligencia artificial, la sostenibilidad, la innovación, la propiedad intelectual y la relación entre las organizaciones periodísticas y sus audiencias. También conmemoraremos el trigésimo aniversario del memorable discurso que Gabriel García Márquez pronunció ante la SIP, «El mejor oficio del mundo». Sus palabras nos invitan a reflexionar no solo sobre lo que el periodismo ha llegado a ser, sino también sobre lo que debe seguir siendo.

Esta Asamblea se celebra en un momento decisivo. En todas las Américas, la libertad de prensa está bajo presión. El último Índice Chapultepec registró la puntuación regional más baja desde que la SIP comenzó a realizar esta medición. El deterioro de la libertad de prensa no se limita a países con instituciones frágiles. Incluso las democracias consolidadas muestran señales preocupantes de retroceso.

Estados Unidos merece especial atención. Durante generaciones, la Primera Enmienda ha sido una poderosa expresión del principio de que el Gobierno no debe interferir con una prensa libre. Sin embargo, los ataques públicos contra periodistas, las presiones legales sobre las organizaciones periodísticas y las restricciones al acceso a la información oficial nos recuerdan que este principio no puede darse por sentado. Cuando los periodistas deben defender ante los tribunales su derecho a recabar información, las implicaciones trascienden las fronteras de un solo país. Las prácticas que se normalizan en Washington pueden invocarse en otros lugares para justificar restricciones similares.

Estas no son preocupaciones abstractas.

Cuando los periodistas deben acudir a los tribunales simplemente para defender su capacidad de solicitar información a las instituciones públicas, cuando el acceso se condiciona o se restringe y cuando se utiliza el enorme poder del Gobierno para dificultar el escrutinio independiente, todos debemos prestar atención.

Y cuando esto ocurre en Estados Unidos, las consecuencias van mucho más allá de sus fronteras.

Lo que se normaliza en Washington puede convertirse en una justificación en otras capitales. Los líderes que ya consideran al periodismo un obstáculo, en lugar de una institución democrática esencial, están observando. Por eso, defender hoy la libertad de prensa en Estados Unidos también forma parte de la defensa de la libertad de prensa en todas las Américas.

En América Latina, la situación es especialmente alarmante. La violencia contra los periodistas sigue siendo una de las amenazas más graves para la libertad de prensa. En países como México, Ecuador, Perú, Colombia y Guatemala, los reporteros continúan enfrentando amenazas, intimidaciones y ataques mortales, a menudo por investigar la corrupción, el crimen organizado o los abusos de poder. Detrás de cada periodista asesinado hay una familia devastada, una comunidad privada de información esencial y una advertencia para quienes se atreven a investigar. Y cuando estos crímenes quedan impunes, la impunidad se convierte en una invitación a que se produzcan nuevos actos de violencia.

Al mismo tiempo, somos testigos de un uso cada vez más sofisticado de la ley como instrumento de censura. Los procesos penales por difamación, las demandas abusivas, las investigaciones arbitrarias y las leyes restrictivas se utilizan para intimidar a los periodistas y agotar los recursos de los medios independientes. En algunos países, el propio sistema judicial se ha convertido en una herramienta de represalia política. En otros, las restricciones al acceso a la información pública, la estigmatización oficial, el acoso digital y la vigilancia están creando un entorno en el que los periodistas enfrentan una presión creciente para guardar silencio.

En Cuba, Nicaragua y Venezuela, la represión sistemática ha desmantelado gran parte del espacio para el periodismo independiente, obligando a los reporteros a exiliarse, silenciando las voces críticas y privando a los ciudadanos de información confiable. En otros países, las instituciones democráticas se debilitan gradualmente mediante medidas que pueden parecer aisladas, pero que, en conjunto, erosionan las condiciones necesarias para una prensa libre. Debemos reconocer estas señales de alerta antes de que sus efectos sean irreversibles.

Nuestra responsabilidad en la SIP no consiste simplemente en denunciar violaciones individuales, sino también en enfrentar los patrones más amplios de represión, exigir rendición de cuentas y solidarizarnos con los periodistas allí donde su libertad y seguridad estén amenazadas.

Pero la presión política es solo una parte del desafío. La fragilidad económica puede ser igualmente perjudicial para el periodismo independiente. Una redacción sin recursos para pagar a sus reporteros, realizar investigaciones, defenderse legalmente o llegar a su audiencia se vuelve más vulnerable. Cuando desaparece una organización periodística independiente, una comunidad pierde mucho más que una empresa: pierde una fuente de escrutinio, conocimiento y rendición de cuentas.

Por eso, la sostenibilidad se ha convertido en una parte esencial del trabajo de la SIP. A través de SIPConnect y otras iniciativas, ayudamos a las organizaciones periodísticas a explorar nuevos modelos de ingresos, adoptar la tecnología de manera responsable y fortalecer sus vínculos con las audiencias. La libertad de prensa y la resiliencia económica no son prioridades contrapuestas. Cada una depende de la otra.

Esta conexión se hace especialmente evidente en la experiencia de los periodistas en el exilio. En toda la región, reporteros y redacciones enteras se han visto obligados a abandonar sus países simplemente para poder continuar trabajando. A través de RELPEX, la Red Latinoamericana de Periodismo en el Exilio de la SIP, los ayudamos a mantener sus vínculos profesionales, desarrollar nuevas oportunidades y seguir informando. Su perseverancia nos deja una profunda lección: las fronteras pueden interrumpir la vida de un periodista, pero no tienen por qué silenciar su voz. Apoyar ese trabajo es invertir en el derecho del público a saber.

Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está transformando la manera en que se produce, descubre, distribuye y valora la información. Su potencial es considerable. También lo son las preguntas que plantea sobre propiedad intelectual, atribución, transparencia, empleo y confianza. El periodismo no puede adoptar la innovación a costa del trabajo informativo que da valor a la información. Tampoco pueden las organizaciones periodísticas resolver estos problemas por sí solas.

Esto me lleva a una convicción fundamental: nuestra industria necesita una mayor cohesión. Editores, radiodifusores, medios digitales, periodistas, líderes tecnológicos y organizaciones defensoras de la libertad de prensa deben encontrar más formas de trabajar juntos. Competimos en nuestros mercados y, a menudo, sostenemos posiciones editoriales diferentes. Esa independencia y diversidad son fortalezas. Pero compartimos intereses fundamentales: proteger a los periodistas de la intimidación, salvaguardar el trabajo periodístico original, preservar la propiedad intelectual y garantizar que la tecnología fortalezca, en lugar de debilitar, a las instituciones que producen información confiable.

La fragmentación reduce nuestra influencia. La cooperación nos da el alcance necesario para actuar. Nos permite intercambiar soluciones prácticas, construir alianzas y expresarnos con mayor autoridad cuando está en juego el futuro del periodismo independiente. Esta es una de las fortalezas más duraderas de la SIP y una capacidad que debemos seguir desarrollando.

Sin embargo, ninguna tecnología, regulación o modelo de negocio puede sustituir la calidad del periodismo. En un entorno informativo saturado de contenidos sintéticos, desinformación y manipulación, la credibilidad es nuestro activo más importante. Nos la ganamos investigando a fondo, verificando rigurosamente, rectificando con transparencia y escuchando atentamente a las comunidades a las que servimos. Nuestra respuesta a la incertidumbre debe ser un periodismo mejor, no estándares más bajos.

Durante más de ocho décadas, esta asociación ha unido a organizaciones de medios en torno a una convicción sencilla: un ataque contra la libertad de uno amenaza la libertad de todos. Hoy, esa solidaridad también debe guiar nuestra respuesta a los cambios económicos, las transformaciones tecnológicas y el desafío de reconstruir la confianza. La libertad, la sostenibilidad, la innovación y la calidad no son agendas separadas. Juntas determinan si el periodismo independiente puede cumplir su propósito democrático.

Bogotá nos brinda la oportunidad de convertir nuestras preocupaciones compartidas en acciones conjuntas. Espero que, al concluir estos cuatro días, nos llevemos nuevas ideas, alianzas más sólidas y una renovada confianza en lo que podemos lograr juntos. Los desafíos son considerables, pero también lo son el talento, la experiencia y el compromiso de quienes estamos reunidos en esta sala.

Gracias por su dedicación a la SIP y, sobre todo, al periodismo. Es un gran honor darles la bienvenida a nuestra 82.ª Asamblea General. Les deseo un encuentro inspirador y productivo.

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