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Discurso de Marc Lacey, editor ejecutivo del The New York Times, Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa 2026

24 de octubre de 2026 - 15:05

23 de octubre de 2026

Quiero agradecerles a todos por este increíble honor. Significa mucho para mí.

Estoy aquí en representación de los miles de periodistas de The New York Times que trabajan heroicamente todos los días, en condiciones particularmente difíciles, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. The Times ha sido dirigido por la misma familia desde mediados del siglo XIX, y nuestro actual editor, A. G. Sulzberger, quinta generación de la familia al frente del diario, les envía sus saludos y su agradecimiento. Otro miembro de la familia que ustedes conocen muy bien, Michael Greenspon, vicepresidente sénior y gerente general de impresión internacional y licencias de The Times, también quisiera estar aquí con todos ustedes.

No se nos escapa que compartimos este honor con figuras ilustres. El Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa se entrega desde 1954 y ha reconocido a destacadas personalidades del periodismo de esta parte del mundo. Han homenajeado a periodistas mexicanos asesinados por buscar la verdad; a periodistas perseguidos en Nicaragua y Cuba; a periodistas venezolanos que luchan contra intensas presiones para poder hacer su trabajo, y a periodistas de este país que se enfrentan valientemente a los carteles de la droga.

Por eso, aunque me enorgullece todo lo que hemos logrado frente a una presión tan intensa, estoy aquí con profunda admiración por la labor que todos ustedes realizan cada día al contar las historias de esta región.

En Estados Unidos, más de 3.500 periódicos han cerrado en las últimas dos décadas. Tenemos una sociedad polarizada que no logra ponerse de acuerdo sobre qué es verdad y qué es mentira. Enfrentamos la irrupción disruptiva de la inteligencia artificial, que se apropia de nuestros contenidos sin pagar un centavo.

Y, por supuesto, nuestro principal desafío son los ataques implacables y, con frecuencia, inconstitucionales de la administración Trump contra la prensa libre, diseñados para castigar a las organizaciones periodísticas y a los periodistas que publican informaciones que no le gustan al presidente.

Estas acciones han incluido restricciones al acceso de organizaciones periodísticas, el uso de la burocracia federal para intimidar a las emisoras, allanamientos de las viviendas de periodistas, así como demandas judiciales, citaciones, ataques personales, insultos e incluso acusaciones de traición.

En las últimas semanas, vimos una nueva muestra de estas tácticas de intimidación cuando el presidente Trump prohibió abruptamente el acceso a la Casa Blanca a CNN, a otra cadena conocida como MS NOW y a Politico, un medio especializado en política. Nos sumamos de inmediato a la lucha por un acceso libre e igualitario a la Casa Blanca, del mismo modo que encabezamos una impugnación judicial contra los intentos del Pentágono de restringir el acceso de los corresponsales que cubren las Fuerzas Armadas del país.

Por intimidantes que sean estas amenazas, en The New York Times estamos celebrando este año un aniversario muy especial: nuestro demi-semi-sept-centennial. Es una palabra real y significa que hemos alcanzado la venerable edad de 175 años. Nuestra larga historia nos brinda cierto consuelo en este momento. The Times ha producido un periodismo extraordinario antes, incluso bajo una presión política y comercial extrema.

Al revisar nuestros archivos, encontrarán los siguientes episodios:

  • Una turba armada y enfurecida que se dirigió a nuestra sede en la ciudad de Nueva York durante la Guerra Civil estadounidense.

  • El encarcelamiento de miembros de nuestro equipo durante la Segunda Guerra Mundial, en Alemania y Japón.

  • Intervenciones telefónicas ordenadas por la administración de Kennedy durante la Guerra Fría.

  • Los agresivos intentos de la administración de Nixon de procesarnos judicialmente por publicar los Papeles del Pentágono, que describían el prolongado conflicto en Vietnam.

  • La captura de nuestro reportero en Phnom Penh después de que los Jemeres Rojos tomaran el poder en Camboya.

  • El bloqueo de nuestro sitio web en China tras publicar una investigación sobre la riqueza secreta de un alto funcionario, así como la expulsión de miembros de nuestro equipo durante la pandemia de COVID-19.

  • Los secuestros de colegas nuestros en Afganistán, Irak, Libia y, justo al otro lado de la frontera con este país, en Venezuela.

A esta lista hay que sumar las lesiones provocadas por minas terrestres, coches bomba y accidentes de helicóptero; los encarcelamientos y las detenciones a manos de gobiernos represivos; los ataques y el acoso casi constantes en internet, y toda clase de medidas judiciales y demandas a lo largo de estos 175 años.

Así que trabajo para una institución extraordinariamente resiliente.

Nuestros reporteros tienen una enorme fortaleza y persiguen historias importantes, sin importar los obstáculos o las dificultades. Actualmente, cubrimos los conflictos en Ucrania, Irán, Yemen, Sudán y Myanmar. Informamos sobre los cambios políticos y los desafíos económicos en todo el mundo. Y, en nuestro propio país, investigamos los abusos judiciales, la corrupción y los excesos del poder gubernamental; las promesas y los riesgos potenciales de la inteligencia artificial; las amenazas a la integridad de las elecciones, y las divisiones sociales y políticas de la vida estadounidense.

En un momento en que las personas y las organizaciones que nos rodean están tomando partido o cediendo a las presiones, nosotros seguimos siendo firmemente independientes. Abordamos los asuntos más importantes del mundo desde una perspectiva amplia y desde múltiples puntos de vista, seguimos los hechos y compartimos lo que descubrimos mediante un periodismo abierto a distintas perspectivas. Estamos dispuestos a cuestionar las narrativas simplistas, exonerar a un villano o desenmascarar a un héroe. Y no tenemos miedo de admitir que no tenemos todas las respuestas.

Hoy hacemos todo esto y, al mismo tiempo, llegamos a muchas más personas con periodismo de calidad de las que nuestros predecesores jamás habrían imaginado. Para llegar a un público más amplio en Asia, publicamos un sitio en mandarín; y aquí, en América Latina, difundimos nuestro periodismo en español, en ocasiones en colaboración con sus propias publicaciones.

Por eso, estamos plenamente enfocados en la actualidad informativa y en los desafíos del futuro, sin olvidar nunca nuestro pasado.

Cuando entren al vestíbulo de The New York Times —todos están invitados, aunque probablemente no podamos recibirlos a todos al mismo tiempo—, verán antiguas portadas que se remontan a nuestra primera edición, publicada el 18 de septiembre de 1851. En aquel entonces nos llamábamos New York Daily Times.

En una esquina se encuentra un busto de nuestro fundador, Adolph Ochs, junto a su lema, que apareció en aquella primera edición. The Times, decía, ofrece las noticias «con imparcialidad, sin temor ni favoritismos, independientemente de los partidos, las creencias o los intereses involucrados».

Son palabras ambiciosas. Pero vale la pena recordarlas mientras todos trabajamos para que nuestras salas de redacción nos sobrevivan y para defender principios más poderosos que cualquier gobernante autoritario al que podamos enfrentarnos.

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