Discurso del Presidente de Colombia Juan Manuel Santos

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Discurso del Presidente de Colombia Juan Manuel Santos ante la Asamblea General de la SIP, 7 de noviembre de 2010 Muchas gracias, Alejandro, y muy buenas tardes a todos ustedes.Un saludo para la Gobernadora del Estado de Yucatán, señora Ivonne Ortega Pacheco; a la Alcadesa de esta lindísima ciudad de Mérida, a la arquitecta Angélica Araujo Lara; al señor Ruben Beltrán, Subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México; al señor Scott Schurz, Presidente Honorario de la SIP, y a su señora, Katherine; por supuesto a nuestro querido amigo Alejandro Aguirre, Presidente de la SIP; a su señora, María, doy muchas gracias por esta linda corbata que me entregó; me la iba a poner ahora pero pensé que rompía el protocolo, entonces me la pongo mañana ya en Colombia; a Julio Muñoz, Director Ejecutivo de la SIP, con quien también tenemos una largísima y vieja amistad; al doctor Guillermo Mendoza Iago, Fiscal General de la Nación de nuestro país, que tuvo la amabilidad y la generosidad de acompañarme a esta reunión; a la doctora Jaqueline Espitia Arias, la encargada de negocios de Colombia en México; a los honorables integrantes del Comité Ejecutivoy del Comité Consultivo, con quien me acabo de reunir en forma muy corta; a la Junta de Directores de la SIP, a los presidentes y gerentes directores de los diferentes medios, a todos ustedes un saludo muy especial. Créanme que para mí es un verdadero placer y un verdadero honor estar aquí parado en esta Asamblea No.66 en una institución que ha sido tan cercana a toda mi familia. Me acuerdo perfectamente cuando mi padre me llevó a la primera Asamblea de la SIP a finales de los años 60. Yo todavía tenía, bueno era un niño. Me acuerdo de Andrew Heiskell, que era el director de la revista Time, que tenía una hija muy linda y entonces yo le decía a mi papa que cómo hacer para pretender a esa niña y me dijo que ¡no fuera pretencioso! Con la SIP he tenido una relación muy estrecha, como lo recordaba Alejandro. Fui vicepresidente del Comité de Libertad de Prensa. Recuerdo la visita a Chile en época de Pinochet a defender allá la libertad de prensa. Estuvimos en Nicaragua cuando el régimen Sandinista estaba apretando a la prensa de Nicaragua y a Violeta Chamorro, y de allí salieron además unas crónicas que escribimos con Enrique, unas crónicas que de pronto llegaron a España y ganamos el primer premio Rey de España, unas crónicas que decía una revolución despilfarrada y desde entonces somos personas non gratas en Nicaragua, mi hermano y yo. Luego estuvimos en varios países. Asistí muchas veces al Centro Técnico de la SIP y aprendí mucho de esta gran institución. Por eso me siento muy complacido de estar con viejos amigos y nuevos amigos en esta oportunidad. He venido a reafirmar como Presidente de Colombia mi compromiso con la libertad de prensa, en mi país y en la región, de afirmar un compromiso que he mantenido durante toda mi vida pública y mi vida como periodista. Es un compromiso en el cual creo firmemente porque, como decía Thomas Jefferson cuando cuando introdujo su primera enmienda, él pensaba que sin una absoluta libertad de prensa no hay posibilidad de buen gobierno, pero espero que no me pase lo mismo porque cuando fue presidente luego escribió que con absoluta libertad de prensa es imposible un buen gobierno. Yo creo que de todas formas toda democracia necesita libertad de expresión, necesita libertad de prensa y ese es uno de los compromisos que tenemos en Colombia. Afortunadamente, mis antecesores han respetado ese compromiso. Colombia es un país donde la prensa goza de libertad, por lo menos desde el gobierno no hay ninguna intención coartar esa libertad y tengan ustedes la absoluta seguridad que así seguirá siendo en mi gobierno y estoy seguro que en los gobiernos venideros. Es algo que los colombianos tenemos muy interiorizado, la necesidad de tener libertad de expresión. Pero también en Colombia hemos hecho un gran esfuerzo en tratar de poner en marcha unas políticas que defiendan la demás libertades y los demás derechos fundamentales de nuestra sociedad. Colombia vivió durante muchos años una situación que ustedes todos la registraban en sus periódicos en las primeras planas. éramos un país a punto de ser considerado un estado fallido, un país donde había una mezcla de narcotráfico, de guerrilla, de paramilitares, y donde el respeto por los derechos humanos era prácticamente nulo. Esa situación nos hizo tomar una serie de decisiones y a poner una serie de políticas que por fortuna han sido exitosas y hoy podemos mirar hacia el futuro con ojos muy diferentes a los que mirábamos hace unos años. Salió una encuesta el viernes pasado. El 83 por ciento de los colombianos cree que el país va por buen camino. Eso nunca se ha visto en Colombia. Eso es un grado de optimismo muy especial en donde a nosotros como gobierno nos impone una tremenda responsabilidad de cumplir con la expectativas y la responsabilidad de continuar con un proceso que ha tenido mucho éxito, mucho éxito en materia de defender los derechos fundamentales y de crear las bases para un crecimiento sostenido, no solamente en la parte económica pero sobre todo en la parte social. En mi gobierno he dicho que queremos pasar de la seguridad democrática a la prosperidad democrática. La palabra democrática tiene dos significados: seguridad y prosperidad para todos y la segunda definición es cumpliendo las leyes y cumpliendo la Constitución. Nuestra Constitución es la Constitución garantista, tal vez de las más garantistas del universo, y poner en marcha una política de seguridad como lo hizo el presidente Uribe respetando la Constitución. No fue fácil porque las políticas de seguridad tradicionales en nuestro continente se hacían a expensas de los derechos humanos, a expensas de las leyes, a expensas de las constituciones, pero ahí se decidió poner en marcha una política de seguridad respetando los derechos humanos y respetando la Constitución le daba más legitimidad y una base mucho más sólida a cualquier política de seguridad. Nos hemos demorado un poco más pero creo que ya estamos, por fortuna, cosechando los frutos. La cifra sobre materia de seguridad en los últimos años, en los últimos ocho años, son muy dicientes: en materia de homicidios hemos bajado de 46 por ciento, en materia de masacres 80 por ciento, secuestros 91 por ciento, asesinato de periodistas 90 por ciento. Este año infortunadamente ha muerto un periodista, el año pasado también. Uno es demasiado para nosotros. Esperamos que no muera ni un solo periodista. No nos detendremos hasta no ver esa situación. Ni un solo periodista. Pero no solamente periodistas, esperamos poder continuar reduciendo los homicidios en todos los frentes. Hoy hay en Colombia 170 periodistas que tiene algún esquema de protección y la gente me pregunta ¿pero sí hay tantos periodistas amenazados? La respuesta es que posiblemente no, pero preferimos pecar por exceso que por defecto, el día de mañana que nadie pueda decir que el Estado colombiano no hizo todo lo posible para defender no solamente a los periodistas, también a los sindicalistas, a todos los que se han considerado o se consideran como una parte vulnerable de la sociedad, una parte amenazada de la sociedad. Hemos puesto además en marcha una serie de políticas y de leyes y de cambios en la Constitución para que ese terrible conflicto, esa terrible confrontación que hemos vivido durante tantos años y que por fortuna ya está siendo superada, pueda ser superada con bases sólidas y por eso, por ejemplo, se puso en marcha una ley que se llamó de Justicia y Paz. La primera vez que un país en el mundo logra desmovilizar un grupo armado que no haya sido derrotado y le aplica a esa desmovilización un proceso en donde se respetan los principios de la justicia de la verdad y las reparaciones. No ha sido fácil, pero ha sido en términos generales muy exitoso: 32.000 miembros de esos grupos han sido desmovilizados, 22.000 miembros de la guerrilla se han desmovilizado. Eso no se ha visto en la reciente historia de ningún país y se ha desmovilizado con un proceso jurídico en donde lo que queremos es que haya una justicia que no impida la paz, una justicia que no impida la paz. Pero no queremos una paz con impunidad, queremos una paz donde la verdad, la justicia y la reparación estén presentes. Por eso hemos adelantado también unas políticas muy agresivas en materia de justicia, inclusive con miembros importantes del Estado colombiano. Hay más de 400 políticos, hoy en día, alcaldes, gobernadores, concejales, diputados, congresistas judicializados por vínculos con los grupos armados ilegales. Más de 30 miembros del Congreso están en la cárcel. Eso también no tiene precedentes. Lo que queremos es que las cicatrices que duraron abiertas tanto tiempo se cierren y podamos mirar hacia el futuro, consolidando una democracia con los fundamentos de una verdadera democracia, un respeto por las libertades fundamentales, un respeto por la independencia de los poderes públicos, un respeto por la propiedad privada, un respeto por la libertad de expresión. Lo estamos obteniendo con dificultades, por supuesto, pero hemos avanzado en forma muy certera, sin prisa pero también sin pausa. Pusimos ante el Congreso hace unas dos semanas una Ley de Víctimas y una ley que hemos llamado Retribución de Tierras para que todos los campesinos que han sido desplazados puedan regresara sus parcelas. Eso será una verdadera revolución en Colombia. Son más de 2 millones de hectáreas que han sido en cierta forma incautadas por el Estado que les ha quitado a los grupos ilegales que han desplazado a esas poblaciones y será un proceso que con mucha dificultad administrativa, pero con una gran justicia precisamente para sanar esas cicatrices. Es tal vez la Ley de Víctimas la más ambiciosa que ha tenido cualquier país, y así lo han dicho todos los observadores internacionales. Somos el primer país que ha reconocido a todos los desplazados como víctimas y queremos repararlos de alguna forma, porque es la única manera de sentar las bases para que nuestra democracia pueda progresar sin tener que mirar hacia el pasado pero construyendo un mejor futuro. Queremos que se cicatricen esas heridas y avancemos en la parte social. Por eso hemos llamado el gobierno de la prosperidad democrática. Prosperidad quiere decir lucha contra la pobreza. Prosperidad quiere decir lucha contra el desempleo. Prosperidad quiere decir sacar a los marginados de la sociedad de ese estado de marginación y poder entregar un país mucho más justo. Somos uno de los países más inequitativos de América Latina y del planeta y eso ahora que hemos avanzado en materia de seguridad, podemos entonces concentrarnos en esos aspectos, y eso es lo que estamos haciendo. Es el enfoque de mi gobierno sin descuidar, porque no se puede descuidar, porque no hemos todavía ganado la batalla. Todo este proceso de reparación de justicia, este proceso de encontrar la verdad se está haciendo en medio de una confrontación, porque las FARC siguen vivas. El ELN sigue vivo. Eso tampoco se ha presentado nunca en otro país, generalmente esos procesos se inician cuando terminan las confrontaciones. Nosotros la iniciamos sin haber terminado las confrontaciones. Eso dificulta el proceso, pero creemos que también le da una base mucho más sólida. Una base mucho más sólida para avanzar con pasos firmes en los objetivos que nos hemos impuesto. En ese proceso de buscar la prosperidad hemos puesto en marcha toda una serie de políticas, políticas económicas, políticas sociales, que han sido bien recibidas. Hemos presentado proyectos de ley en el Congreso que están siendo aprobados, que están avanzando. Hemos hecho un llamado a la unidad nacional aprovechando esta circunstancia muy en particular que Colombia está viviendo, pasar de un país que estaba a punto de ser declarado un Estado fallido a una de las democracias que hoy se señalan como más vibrantes, más actuantes y más dinámicas de toda la región. Los frutos en la parte económica se están viendo. Las inversiones extranjeras en Colombia están creciendo a un ritmo superior, entiendo, a cualquier país de América Latina. Las calificadas de riesgos están mejorando en nuestras calificaciones semana tras semana. Esa medición que hacen los economistas del factor riesgo en los mercados de bonos hoy ya los mercados nos graduaron con lo que llaman grado de inversión, es decir estamos pagando un interés inferior al que tienen los países con grave inversión y el gran reto es poder aprovechar esa circunstancia muy particular para dar ese salto en la parte social y poder decir en unos años que Colombia dejó de ser uno de los países más significativos, poder decir que Colombia entró a ese grupo de países con crecimientos justos equitativos, altos y permanentes. Vamos por buen camino porque ya, por ejemplo, se creó un nuevo grupo de países en el mundo. Antes eran los BRICs - Brasil, Rusia, India y China. Eso se lo inventó un presidente de Goldman Sachs hace unos diez años. Estas son las cuatro locomotoras que van a enrollar al mundo y efectivamente esa recesión que tuvo el mundo en el 2008 vio como esas cuatro locomotoras eran las locomotoras que estaba adorando el mundo. Ahora el presidente de Hong Kong-Shanghai Banking Corporation hizo un discurso que en el cual dijo “Surgió un nuevo grupo que se llama los SIBETS. SIBETS quiere decir Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sur Africa., como los países que vienen detrás con un dinamismo especial”. Yo pregunté al presidente de este banco la razón por la que escogió a Colombia. Me dijo “Porque ustedes están pasando por una época de oro. Lo que han hecho y lo planean hacer convence de que darán un verdadero salto en su democracia y en todas sus actividad económica y sociales. Su posición geográfica, su política exterior, la calidad de su capital humano, todo eso nos ha llevado para que el banco identifique a Colombia como un país en progreso y como un país en el que merece la pena invertir”. El problema con eso es que ahora el éxito se está convirtiendo en un arma de doble filo, porque con esta política de los países europeos, y sobre todo de Estados Unidos de la Reserva Federal del dólar barato, toda esa liquidez se está se está viniendo hacia América Latina y se está viniendo a Colombia con un gran ímpetu y está revaluando nuestra moneda, como están revaluando todas las monedas de casi todos los países latinoamericanos, y eso nos está causando unos problemas serios. Por supuesto que son problemas que hay que afrontar, pero vamos por muy buen camino y creo que en los próximos cuatro años tendremos la gobernabilidad suficiente y podremos dar ese salto. Por ahora la tenemos. Yo hice un llamado a la unidad nacional. Todos los partidos importantes, menos un partido de izquierda que representa cerca del 10 por ciento de la representación en el Congreso, entró a este gobierno de unidad nacional. Tenemos el respaldo en el Congreso y de las organizaciones sociales y por eso estamos optimistas que podremos continuar por buen camino. Ahora bien. El éxito que hemos tenido, por ejemplo, en la parte de la seguridad, desafortunadamente se ha convertido en un problema para los países vecinos para Centroamérica, para México, para el Caribe. Nosotros fuimos exitosos en desmantelar los carteles de las drogas. Nos costó mucho. Nosotros perdimos a nuestros mejores políticos, a nuestros mejores periodistas, a nuestros mejores jueces, a nuestros mejores policías, pero perseveramos y a punta de golpes fuimos aprendiendo como combatirlos y hemos podido desarticular esas grandes mafias o por lo menos los grandes capos que reinaban en Colombia, hoy todos o están en una tumba o están en la cárcel. No ha desaparecido el negocio de narcotráfico. Esa es otra discusión ahora con este referendo que se presentó en California la discusión de cómo afrontar ese problema a nivel global. Se inició un proceso de reflexión, pero como dicen en mi país, es harina de otro costal. La lucha contra los carteles es una lucha que para Colombia y para muchos países es un asunto de seguridad nacional. Por eso así lo asumimos nosotros y así logramos desarticular esas bandas y poner a buen recaudo a todos los capos de los grandes carteles. El crimen organizado es muy audaz y es muy recursivo y se han ido trasladando a otros países que están teniendo dificultades serias -Centroamérica, toda, la mayoría de las islas del Caribe. Ya por lo menos Colombia no es el primer productor de hoja de coca. Infortunadamente, le pasamos el problema nuevamente al Perú y eso debe ser un motivo también de reflexión. En ese sentido nosotros hemos ofrecido a todos estos países la ayuda que podamos darles por la experiencia que hemos venido acumulando. Tenemos una policía muy efectiva en la lucha contra estos carteles, contra estas mafias. Pusimos en marcha un instrumento y esquema jurídico que nos facilito esa lucha. Tenemos una Fiscalía y aquí quiero hacer un reconocimiento a nuestro Fiscal que está aquí que con determinación confronta todos estos grupos ilegales y logramos ese objetivo de no permitir que esas mafias doblegaran como tenían doblegada nuestra democracia. Pero ahora lo que queremos es trasladar esa experiencia a otros países para que no cometan los mismos errores nuestros, para que no vayan durante muchos años negando el problema. El peor error que puede cometer un país es entrar, como entran los alcohólicos o los drogadictos, en estado de negación, porque cuando descubre que lo tiene es demasiado tarde. Eso nos sucedió en Colombia y pagamos un precio muy alto y estamos diciendo a muchos países que confronten esas mafias a tiempo. En el caso mexicano el presidente Calderón con mucho valor desde que era presidente electo fue a Colombia y dijo “Yo quiero confrontar este problema, este problema que está silencioso pero lo vemos cada vez más evidente”. Y lo hizo, lo hizo con un gran valor, y cuando uno toma la decisión no puede echar para atrás, y la decisión hay que tomarla, pues, de otra forma el problema realmente lo supera a uno. El presidente Calderón hizo lo correcto porque en el caso colombiano las mafias ya habían doblegado nuestra democracia, inclusive lograron que la extradición se prohibiera en la Constitución. A ese nivel habíamos llegado nosotros en Colombia. Por eso cualquier país que quiera defender su democracia tiene que reaccionar a tiempo y tiene que reaccionar con toda la contundencia. ¿Cuál es el papel de la prensa en ese proceso difícil? Pues, todos los miembros de una sociedad tienen que hacer un sacrificio, tienen que jugárselas. La prensa es una parte fundamental de cualquier democracia y tiene también una gran responsabilidad. En el caso colombiano yo creo que Enrique, mi hermano, habrá contado en diversas oportunidades que en el caso colombiano la prensa en el momento más ácido, cuando asesinaron al director del diario El Espectador ¬¬¬-aquí esta el señor Fidel Cano, que me acompañó amablemente, que también quiero agradecerle, director de El Espectador actual, sobrino de Guillermo- cuando asesinaron a Guillermo Cano la prensa tomó una determinación, no impuesta por el gobierno, fue la prensa la que tuvo la iniciativa de hacer un paro, 24 horas sin noticias del país para recordar a la gente lo que quiere decir coartar la libertad de expresión y la libertad de prensa. Luego se unieron la radio, la televisión, la prensa y todos publicaban los informes desenmascarando a los carteles, señalando a sus miembros, informando sobre lo que estaban haciendo. Si nos matan nos matan a todos, decíamos en ese momento. Yo en ese momento estaba trabajando en El Tiempo, y la prensa puso su cuota de sacrificio pero salió fortalecida, salió con mucho más vigor defendiendo su labor y es el derecho de informar y a que los colombianos estén bien informados. Yo creo que la experiencia de la prensa colombiana debe ser un ejemplo. Debe servir de ejemplo a las prensas de los otros países que están viviendo procesos parecidos a la prensa mexicana. El enemigo no es el gobierno, el enemigo es el crimen organizado. Uno como periodista muchas veces -y perdonen que hable como periodista- muchas veces confunde y culpa al gobierno por lo que hace el crimen organizado. Es un grave error. Lo que está sucediendo en México me parece que hay que tener mucha atención de no caer en el propósito de lo que quisiera el crimen organizado, y es que la población mexicana le exija al gobierno que baje la guardia contra ellos, de doblegar el espíritu, la capacidad de lucha del pueblo mexicano diciendo esta lucha no merece la pena. Eso es lo que quieren los grandes capos. Y magnificando las noticias, haciendo eso el único tema en los titulares de la prensa, los informativos de televisión. Lo que a la larga puede suceder es que el apoyo de una lucha contra el crimen organizado donde las primeras víctimas, como lo estamos viendo aquí en México, son los periodistas. Mi cordial consejo como periodista, y hoy como presidente y de haber jugado en los dos campos, a la prensa mexicana es mucho ojo con caer en la trampa. Es lo que los capos quieren, es lo que quería Pablo Escobar cuando amenazaba a los periodistas cuando les decía “Ustedes no pueden publicar esto o aquello porque pagarán las consecuencias”. Ahí es cuando la prensa tiene que decir “Aquí estamos firmes de hacer causa común con el resto de la sociedad”. Para cualquier país que esté luchando contra este crimen organizado que tiene recursos casi que ilimitados, que tiene la audacia que no tienen inclusive nuestros propios policías, nuestros propios jueces, lo que hay es que perseverar. Ahí no puede uno detenerse en la mitad del camino. Contemporizar frente al crimen organizado es sucumbir. Esa experiencia la hemos vivido nosotros y es la experiencia que quisiéramos compartir con ustedes tanto los periodistas, como las fuerzas del orden, como los gobiernos. Contemporizar es sucumbir frente al crimen organizado. Muchas gracias.

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