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Discurso Pilar Gil, Premio Ejecutiva del 2026

25 de octubre de 2026 - 14:02

25 de octubre de 2026

Buenos días a todos y gracias por acompañarme en un día tan especial. Estoy aquí para aceptar un premio, aunque el premio es ya estar con ustedes en la 82 asamblea general de la Sociedad interamericana de prensa, honrando la misión de esta alianza.

Porque —como ustedes nos han enseñado a lo largo de tantos años— debemos ser parte de la solución, de la exigencia y del compromiso con la libertad y con la democracia. Sin periodismo, no hay democracia. Ustedes lo saben bien. Y, sin embargo, qué peligrosos son estos tiempos en que ni el periodismo ni la democracia se pueden dar por supuestos.

Como dice Juan Gabriel Vásquez, colombiano ilustre y una de las firmas de EL PAÍS más valorada, “el algoritmo ha acabado con la realidad compartida”. Es gravísimo.

Y quiero citarles también a Joan Manuel Serrat, nuestro maravilloso artista, que cantaba “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Yo discrepo y creo que discrepo con ustedes: la verdad sí tiene remedio.

De hecho, la verdad debe tener remedio y a eso nos dedicamos todos los que estamos aquí. A buscar la verdad y a publicarla, a dar a los ciudadanos el arma más poderosa del mundo: la información.

Lo hacemos para que la sociedad, armada de criterio y de verdad, pueda cambiar la realidad. Pueda remediarla con ciudadanos mejor formados e informados, sociedades más libres y democráticas, y un futuro mejor.

Ustedes me han reconocido como Ejecutiva del año en este sector y les voy a decir una cosa sin falsa humildad: mi trabajo es relativamente sencillo. Yo solo tengo que garantizar que los 1.800 periodistas del grupo PRISA puedan hacer su trabajo en las mejores condiciones de libertad y excelencia. Solo tengo que facilitar que esos millones de personas que están detrás de nuestros 145 millones de navegadores únicos puedan acceder a nuestro contenido. Solo tengo que asegurar la financiación y rentabilidad de este negocio tan básico.

Que el trabajo sea sencillo no significa que sea fácil.

A veces, ahora que estamos citando a poetas, uno se siente como don Quijote cuando luchaba contra gigantes imaginarios. Porque, queridos amigos, ¿quiénes son ahora nuestros enemigos?

¿Los algoritmos, las plataformas tecnológicas, las noticias falsas, los vídeos de gatitos en TikTok, la autocensura, el miedo…?

En este siglo XXI, estamos luchando 24 horas al día contra enemigos que parecen abstractos y virtuales, y que, sin embargo, son aún más peligrosos que los enemigos tangibles del siglo XX.

Quiero afirmar aquí, junto a los 1.300 medios que forman parte de la SIP, que no tenemos miedo y que plantaremos cara a cualquiera, humano o artificial, que ponga en peligro nuestras convicciones democráticas y nuestra apuesta radical por la libertad de expresión y los derechos humanos.

Se lo repito: NO TENEMOS MIEDO.

Porque, como dice Javier Cercas en su último libro, EL PAÍS ha sido y va a seguir siendo EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA.

Es desde la democracia como se pueden ganar las grandes batallas contra el autoritarismo, el populismo y los abusos del poder.

Desde la democracia y sin miedo, nosotros seguiremos defendiendo la libertad de expresión y, por supuesto, también la libertad de los ciudadanos para formarse su opinión.

El buen periodismo no se doblega cuando lo quieren silenciar. Al contrario: se crece y se refuerza. Así que les puedo garantizar que en EL PAÍS vamos a seguir trabajando, desde la verdad y el periodismo, por el progreso.

Lo haremos incluso en peligro de muerte. Según la UNESCO, desde 2022, al menos 108 periodistas han sido asesinados en América Latina y el Caribe por causas relacionadas con su trabajo. 2025, es decir, ahora, ha sido el año más letal y duro de los últimos cinco: 67 periodistas murieron en todo el mundo al hacer su trabajo según Reporteros sin Fronteras.

Y aquí seguimos. Trabajando.

Por eso es tan importante este reconocimiento para mí y para todos los que, como yo, nos dedicamos a hacer posible el trabajo periodístico. A nosotros no nos gusta el foco, no nos gusta el primer plano. Lo que nos gusta es ponérselo fácil a los periodistas y a los ciudadanos. Que tengan información, que tengan criterio, que tengan libertad y que la ejerzan sin miedo.

Como lo hago yo gracias a quien me ha dado el impulso y las herramientas para hacer mi trabajo y estar aquí, recibiendo este galardón.

Gracias a Joseph Oughourlian, presidente de PRISA, que me dio la libertad y la confianza para ponerme al frente de 3.600 empleados en todo el mundo.

Que, además, me ha permitido conocer desde la vicepresidencia de PRISA ese otro negocio tan esencial para las sociedades democráticas: la educación que impulsa, promueve y multiplica SANTILLANA, nuestra empresa hermana.

Gracias, Joseph.

Es un orgullo y un privilegio, ya lo sabes.

También es una responsabilidad que asumo íntegramente. Sin descanso.

De la mano de Joseph y con su compromiso absoluto este año acabamos de reforzar nuestra presencia en América. Tenemos en este continente más de 500 periodistas, casi 100 solo en EL PAÍS.

Periodistas de distintas nacionalidades y diferentes acentos unidos por un objetivo común y que ya les he explicado: publicar y acercar a los ciudadanos contenido veraz y de máxima calidad. Servir, siempre, a las sociedades hispanohablantes.

Estamos hablando de periodistas locales y de reporteros que conocen las particularidades del país en el que viven y trabajan. De equipos capaces de contar un país al mundo y el mundo a un país. Una mirada y oferta global diferencial y extraordinaria. Todos los días. Pase lo que pase. Le pese a quien le pese.

Estamos en América por convicción y no por oportunismo. Estamos aquí porque es nuestro deber. Porque queremos contribuir a la construcción y el desarrollo de la democracia, estamos por los avances sociales, por la defensa de los derechos, por la igualdad de oportunidades.

Estamos en América y desde América. Con la obsesión de multiplicar las voces y de —como bien dice el director de EL PAÍS, Jan Martínez Ahrens— viralizar la verdad.

Estamos, también, con el compromiso de abrir ventanas. A la cultura, al deporte, a la ciencia, al entretenimiento y a la esperanza. Con las ganas y la ilusión de atraer cada vez más y cada vez mejor a los jóvenes. Por tierra, mar y aire. Por redes sociales, nuevas narrativas o eventos en la calle. Con sus voces, sus mensajes y su lenguaje, pero siempre a nuestra manera: desde la verdad, la calidad y la excelencia.

Y ahora, para terminar, voy a abordar mi trayectoria. Esa que están reconociendo ustedes.

Decían en su nota que he impulsado una estrategia que combina la fortaleza de marcas periodísticas históricas con la innovación, la expansión de nuevas audiencias y la búsqueda de modelos de negocio sostenibles. Que he reforzado la presencia de PRISA Media en mercados estratégicos de América Latina, promoviendo nuevas alianzas y plataformas de distribución. Y que represento un liderazgo que combina experiencia, visión empresarial y capacidad de adaptación en un momento decisivo para la industria de medios.

Mi admirado Pierre Manigault, presidente de la SIP, señalaba también que mi gestión demuestra que la innovación y la transformación pueden avanzar de la mano de marcas periodísticas sólidas y de una estrategia de largo plazo para fortalecer la sostenibilidad y el alcance del periodismo.

Les voy a contar mi receta, aunque ya la conocen y la aplican. Talento y accountability. Tener a los mejores profesionales y pedirles la máxima autoexigencia y toda responsabilidad que merecen los ciudadanos que nos leen, que nos escuchan, que nos ven.

Los ciudadanos que confían en nosotros.

Los ciudadanos que nos creen.

Para no fallarles a ellos, ni a nuestros compañeros de PRISA ni a vosotros, nuestros queridos colegas de la SIP, sabemos que no podemos relajarnos.

Y no lo vamos a hacer.

Pueden, podéis, contar con nosotros.

Por eso quiero acabar cediendo el protagonismo a quien de verdad lo merece.

Gracias a la SIP, a su imparable y activísimo compromiso en favor de la libertad de prensa y contra cualquier ley u obstáculo que busque condicionarnos o silenciarnos.

La primera vez que hablé como consejera delegada de PRISA Media cité a la gran Lydia Cacho para asegurar que me negaba a imaginar un mundo sin periodismo porque sería un mundo habitado por el silencio o la mentira.

No me he movido de esa convicción. Al contrario: estoy más segura que nunca de que hacer buen periodismo es defender la democracia, la verdad y la libertad de todos. Y que el periodismo es la única salida y la única luz en este momento de incertidumbre global.

Me enorgullece y me da fuerza saber que tengo a mi lado a la SIP, a esta extraordinaria agrupación de periodistas y empresarios valientes, conscientes de que la libertad de prensa es un derecho sagrado y fundamental que debemos proteger frente a cualquier poder, político o tecnológico.

Aquí estamos, juntos, defendiendo la independencia, el pluralismo, la transparencia, el rigor, la responsabilidad y el coraje. Defendiendo el periodismo, la libertad y la democracia.

Gracias.

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