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Roberto Rock presenta el Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa a The New York Times. Recibe: Marc Lacey, director

24 de octubre de 2026 - 18:33

Quienes bajo el liderazgo de Pierre Manigault y Carlos Lauría hemos participado en la realización de esta asamblea tuvimos siempre entre nuestros pensamientos dos hechos que quisiera subrayar. El primero, la solidaridad con los pueblos de Colombia y Venezuela por los terremoto que sufrieron en agosto y junio, respectivamente. El segundo, honrar la memoria de nuestro compañero recién fallecido Juan Pablo Illanes, que desde su pasión por la medicina y la excelencia académica arribó a la dirección de “El Mercurio” de Chile, y durante décadas ejerció en la SIP una magistratura humilde, sabia y caballerosa. Honor para ellos.

Todos los días encontramos noticias de que en uno -o más- de los países de nuestra región han sido impuestas nuevas restricciones a libertades ciudadanas. Que regímenes con pretensiones autócratas han tomado por asalto instituciones concebidas para servir de contrapeso al poder ilimitado y que, por ello, representan la esencia de una democracia: El Congreso, los tribunales y la prensa libre.

Hace casi 240 años, James Madison advirtió: “Si los ángeles gobernaran a los hombres, no serían necesarios ni controles externos ni internos sobre el gobierno. Hay que capacitar al gobierno para controlar a los gobernados; y segundo, obligarlo a controlarse a sí mismo”.

Las nueva autocracias, casi siempre acompañadas de una cínica corrupción, buscan acorralar a quienes ejercen el derecho de pensar diferente. Construyen una grieta desde la cual nos dicen que unos valen más que otros, y algunos más no valen nada. Ello permea y envenena a nuestras comunidades, cautivadas por promesas de soluciones fáciles e inmediatas. Se diría que todo esto ocurre porque la fe en la democracia está flaqueando. Que no presenciamos buenos vientos para la esperanza democrática.

Los presentes son, entonces, tiempos de definiciones. Hay quienes se alinean con esta forma de poder, calculando que tendrán algún tipo de privilegios. Hay quienes voltean hacia otro lado, y por la noche van a dormir, pensando que alguna mañana la tormenta sobre sus cabezas desaparecerá. Pero hay otros que forman filas en la batalla por las libertades. Y es a estos últimos a los que venimos a enaltecer esta tarde.

Hay premios que subrayan un logro o una trayectoria, y otros que reafirman un principio que nos dicen a todos cosas importantes. Nos inspiran. El Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa se nutre de ambas categorías. Desde 1954, esta distinción honra a quienes han hecho de la libertad de informar una convicción sostenida, una responsabilidad pública y, muchas veces, un acto de valentía, incluso extrema.

Vemos ejemplos de enorme dignidad entre colegas y medios de toda nuestra geografía continental. Algunos, atrayendo reconocimiento general. Otros, construyendo modestamente todos los días una proeza. Sabiendo que cada amenaza, cada presión, cada llamada telefónica intimidante, otorga la posibilidad de decidir la dimensión y la dignidad de su proyecto. Y asumiendo que si hace 30 años García Márquez estableció que el periodismo es el mejor oficio del mundo, hoy quizá diría que también es el más necesario.

La Sociedad Interamericana de Prensa determinó reconocer la vigencia de estos valores en una institución que los encarna bajo condiciones extraordinarias. Por ello, se enorgullece en otorgar su Gran Premio a la Libertad de Prensa 2026 a “The New York Times”.

A lo largo de sus casi 170 años de historia, “The New York Times” ha construido una de las tradiciones periodísticas más influyentes del mundo. Su fortaleza no reside únicamente en la dimensión de su audiencia o en su extraordinaria capacidad de adaptación. Está basada, sobre todo, en una cultura interna que coloca la búsqueda de la verdad, la independencia editorial, la investigación rigurosa y la rendición de cuentas en el centro de su misión.

“The New York Times” ha debido enfrentar demandas promovidas por el Presidente más poderoso y más controvertido de un mundo en convulsión contra los referentes globales construidos durante los últimos 80 años. El “Times” ha desafiado judicialmente restricciones impuestas por el gobierno al acceso de la prensa al Pentágono. Todos los días, con mirada de bisturí, disecciona el régimen que impulsa ese fenómeno político llamado Donald Trump, sin dejar de aportar claves para una mejor comprensión de lo que alguna vez llamamos nuestra aldea planetaria.

Hoy tenemos el honor de entregar este reconocimiento, en la digna representación de “The New York Times”, a Marc Lacey, director editorial y él mismo ejemplo de una admirable y diversa carrera profesional.

Nuestras más sinceras felicitaciones y nuestro reconocimiento a todo el equipo del “Times”.

Marc, come here, please. "Take it and continue to make us proud”.

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